MUSICOTERAPIA

Extracto sacado de mi tesis de "Musicoterapia en geriatría" que adjunto completa en este apartado de Musicoterapia (Musicoterapia en geriatría), pp. 29-38.

Definición de musicoterapia

Leyendo el libro “Definiendo musicoterapia” de Kenneth Bruscia (1997) me he visto reflejada en muchas de las cuestiones que él plantea y reflexiona. Además, si él utiliza todo un libro para esta definición, cómo voy a hacer, llegada a este punto, para en unos cuantos folios, explicar en esta “tesis” lo que es la Musicoterapia. Cualquier manual sobre el tema va a empezar haciendo una reflexión sobre lo que es la música, la terapia y la unión de estas dos palabras, la Musicoterapia. También Serafina Poch en su “Compendio de musicoterapia” analiza estos dos términos: “Etimológicamente hablando, “musicoterapia” es una mala traducción del inglés, en donde el adjetivo (“música”) precede al sustantivo (“terapia”). La traducción correcta sería la de “terapia a través de la música” (Poch, 1999).

 

Además, aquí nos encontramos en un contexto de musicoterapeutas, es decir, esta “tesis” va a ser únicamente leída y/o consultada en un ámbito musicoterapeuta, lo cual difiere mucho de si el lector sería ajeno a esta disciplina.

 

Como explica Bruscia, cuando a él le preguntan qué es la Musicoterapia, va a tener en cuenta siempre lo que la persona que pregunta quiere o necesita saber, lo cual le ayuda/nos ayuda a incrementar nuestra propia comprensión de lo que es la Musicoterapia. ¿Un arte?, ¿una ciencia?, ¿un proceso interpersonal?, ¿o las tres cosas a la vez? Y es que la Musicoterapia es increíblemente diversa, “los objetivos y métodos de tratamiento varían de un cuadro a otro, de un tipo de población a otro y de un musicoterapeuta a otro” (Bruscia, 1997).

 

A pesar de que la utilización de la música en terapia tiene miles de años de antigüedad, la Musicoterapia se encuentra todavía en pleno desarrollo, “está en proceso de llegar a ser”, como profesión tiene sólo unas pocas décadas de antigüedad y eso depende también del país que tengamos en cuenta. Por ejemplo, en Estados Unidos, se puede remontar a 1950, con la fundación de la National Association for Music Therapy. Por eso, y como indica Bruscia, “la Musicoterapia no es solamente lo que es hoy, es también lo que promete ser cuando se desarrolla por completo” (Bruscia, 1997).

 

Y con respecto a la profesión o formación del musicoterapeuta ocurre lo mismo: “¿Debería el musicoterapeuta ser educado o formado vocacionalmente? ¿Es el musicoterapeuta un músico principalmente o un terapeuta? ¿Qué tipo de músico debería ser un musicoterapeuta? ¿Clásico o popular? ¿Experto en un instrumento o funcional en varios, intérprete o improvisador? ¿Qué tipo de terapeuta debería ser un musicoterapeuta? ¿Principal o adjunto? ¿Especialista o general? ¿Profesor o terapeuta? ¿Terapeuta de actividades o psicoterapeuta? ¿Es el musicoterapeuta un clínico o un investigador? ¿Deberían autodefinirse los musicoterapeutas o se deberían definir dentro de un contexto del mercado de trabajo?” (Bruscia, 1997).

 

Por lo tanto, son numerosas las definiciones que se han dado del concepto de Musicoterapia y en el campo internacional parece haber casi tantas definiciones como cantidad de musicoterapeutas. Even Ruud escribe que “una definición típica toma frecuentemente como punto de partida que la musicoterapia es una profesión terapéutica donde un terapeuta utiliza la música como herramienta o medio de expresión a fin de iniciar un cambio o un proceso de crecimiento conducente al bienestar personal, a la adaptación social, al crecimiento, etc.” (Ruud, 1993).

 

También Serafina Poch, en su Compendio, define la musicoterapia como la aplicación científica del arte de la música y la danza con finalidad terapéutica y preventiva, a través de la relación que se establece entre el paciente o el grupo de pacientes y el musicoterapeuta. Dice que integrada en el grupo de las terapias creativas, junto con la danzaterapia, el arteterapia, la poesíaterapia y el psicodrama, no es una medicina alternativa, sino que constituye una terapia real en sí misma. (Poch, 2008).

 

Por tanto, hay tantas definiciones de Musicoterapia en función del colectivo con el que se trabaja, como del encuadre clínico y de la orientación del tratamiento.

 

En este apartado vamos a transcribir las avaladas por el World Federation for Music Therapy (WFMT, 1996):

 

“La musicoterapia es el uso de la música y/o de sus elementos musicales (sonido, ritmo, melodía y armonía) por un musicoterapeuta profesional, con un paciente o grupo, en un proceso diseñado para promover y facilitar la comunicación, la interacción, el aprendizaje, la movilidad, la expresión, la organización y otros objetivos terapéuticos para trabajar las necesidades físicas, emocionales, sociales y cognitivas de las personas”.

 

La American Music Therapy Association (AMTA, 2005) define también la musicoterapia como:

 

“Una profesión, en el campo de la salud, que utiliza la música y actividades musicales para tratar las necesidades físicas, psicológicas y sociales de personas de todas las edades. La musicoterapia mejora la calidad de vida de las personas sanas y cubre las necesidades de niños y adultos con discapacidades o enfermedades. Sus intervenciones pueden diseñarse para mejorar el bienestar, controlar el estrés, disminuir el dolor, expresar sentimientos, potenciar la memoria, mejorar la comunicación y facilitar la rehabilitación física”.

 

Para Rolando Benenzon, médico psiquiatra y creador del modelo Benenzon, así como una de las mayores autoridades a nivel mundial en esta disciplina, la musicoterapia es: “una psicoterapia que utiliza el sonido, la música, el movimiento y los instrumentos córporo-sonoro-musicales, para desarrollar, elaborar y reflexionar un vínculo o una relación entre musicoterapeuta y paciente o grupo de pacientes, con el objetivo de mejorar la calidad del paciente y rehabilitarlo y recuperarlo para la sociedad” ( Benenzon, 1998).

 

A través de la historia de la Musicoterapia se constata un hecho común, y es la capacidad de la música para producir efectos a todos los niveles en el ser humano: biológico, fisiológico, psicológico, intelectual, social, espiritual. El valor terapéutico de la música reside precisamente en este hecho. Está indicada para todas aquellas personas que desean hacer un proceso terapéutico a través de la música. No vamos a detenernos aquí en este aspecto de cómo la música afecta e influye en la persona a todos esos niveles mencionados, pero sí constatar sus efectos y ya desde épocas muy antiguas (ver Poch, vol. II, 2008: 383-414).

 

Poch realiza la división de la Musicoterapia en curativa y preventiva, siendo ésta última la más olvidada, ya que al tratarse de una profesión relativamente nueva y que intenta introducirse, siempre se ha tenido más en cuenta el aspecto curativo, a pesar de que el aspecto preventivo, como ya hemos dicho, también ha estado siempre presente (canciones de cuna, música y danzas religiosas, música para el trabajo, la diversión o la guerra, …).

 

Tomamos el siguiente listado del volumen I de Poch (2008):

 

- Musicoterapia curativa: como ayuda en el diagnóstico clínico; en maternología; con niños prematuros y recién nacidos; en rehabilitación precoz; en hospicios y casas cuna; en retraso mental; en educación especial, en psiquiatría infantil; en psiquiatría de adolescentes y adultos; en geriatría y geropsiquiatría; en drogodependencias; con pacientes anoréxicos y bulímicos; en problemas relacionales de la pareja y terapia familiar; en minusvalías de origen neurológico: parálisis cerebral, lesión cerebral, epilepsia, mínima lesión cerebral, problemas del lenguaje ...; en minusvalías físicas: espina bífida, distrofia muscular, amputados …; en minusvalías sensoriales: ciegos con problemas emocionales, sordos parciales, con problemas emocionales; en cirugía y odontología, como preparación y ayuda a la recuperación; en unidades paliativas del dolor; en oncología; con enfermos terminales; con enfermos de sida; en centros de rehabilitación social; otros.

 

Cada vez se está dando un mayor reconocimiento al uso de la música con valor terapéutico en personas que no están enfermas, sino como medio de desarrollar su propia expresión, así como su autopercepción, es decir, la utilización de la música como herramienta terapéutica. De esta manera y como ya hemos explicado anteriormente, la idea de la musicoterapia está tomando fuerza como complemento o como parte integral de tratamientos médicos dada su utilización, tanto en personas que no tienen ningún tipo de enfermedad o discapacidad, como en las personas que están gravemente enfermas, es decir, que cada vez está siendo mayor el reconocimiento de la musicoterapia como abordaje terapéutico específico y como complemento de la terapia. Tenemos así la musicoterapia preventiva.

 

- Musicoterapia preventiva: a nivel personal, cada persona puede ayudarse con la música; la madre en el período gestante y en la primera infancia del niño; en la guardería infantil; en educación preescolar y enseñanza primaria; en centros de recreo infantil y de colonias; en centros de acción social para adolescentes; en centros sociales para la tercera edad; en familia; música funcional en el trabajo, ya sea manual, intelectual o bien artístico-creativo; música religiosa; en los medios de comunicación social (teatro, radio y televisión); en los departamentos oficiales de medio ambiente, en relación con la contaminación sonora y aspectos afines; otros.

Concepto de ISO

 

Queremos recalcar en este apartado, además, que el cerebro se alimenta de estímulos y el sonido es uno de ellos. Desde la infancia y, ya en el vientre materno, hemos percibido vibraciones, sonidos. Se han hecho investigaciones sobre la influencia personal de los sonidos y la música a los que hemos estado expuestos durante los primeros años de la vida, condicionados por nuestro entorno cultural. Algunos autores definen este fenómeno como la “identidad sonora” o ISO, aludiendo a todo el compendio de mensajes sonoros que hemos recibido desde que fuimos engendrados hasta nuestros días y que nos caracterizan y, a la vez, nos individualizan.

 

Rolando Benenzon, del que hemos hablado anteriormente, define el ISO como aquello que resume la identidad. El ISO “no es solamente una identidad sonora, es una integración cultural, personal, individual, donde se encuentra el sentido de la multisensorialidad. No es sólo un sonido: es movimiento, es gesto, es mímica, es olor, es textura, es temperatura, y todo eso junto. Es como un árbol con infinitas raíces; el follaje es lo que se expone pero depende de las raíces. Es un concepto dinámico de lo externo-interno. Hay algo adentro pero también está afuera y resuena” (citado en Betés de Toro, 2000).

 

Por lo tanto, el principo de ISO es un concepto totalmente dinámico que resume la noción de la existencia de un sonido o un conjunto de sonidos o de fenómenos acústicos y de movimiento internos que caracterizan e individualizan a cada ser humano y hay que tenerlo en cuenta a la hora de realizar cualquier tipo de práctica musicoterapéutica.

 

El principio de ISO se encuentra en perpetuo movimiento dentro del inconsciente del hombre, estructurándose con el transcurrir del tiempo. Se distinguen 5 estructuras dinámicas de ISOS:

 

1. ISO universal

 

Es una estructura dinámica, sonora, que caracteriza e identifica a todos los seres humanos, independientemente de sus contextos sociales, culturales, históricos y psicofisiológicos.

 

Como ejemplo del ISO universal encontramos “el ritmo binario del latido cardíaco, el ritmo y las secuencias del sonido y del movimiento de inspiración y expiración, el sonido del agua y sus diferencias interválicas, el flujo sanguíneo y algunas estructuras estructuras musicales que, a lo largo de los siglos, se han convertido en fenómenos universales y, por tanto, forman parte de las energías que se encuentran en el inconsciente. Ejemplo de estas últimas sería la escala pentatónica que es común a las canciones de cuna y/o infantiles, sobre todo en la civilización occidental” (Betés de Toro, 2000).

 

2. ISO gestáltico

 

Es un elemento dinámico que potencia toda la fuerza de percepción presente y pasada. El feto, a medida que se desarrolla, va adquiriendo sensaciones y sonidos que, aunque no los percibe específicamente por su sistema auditivo, los percibe y reacciona como una totalidad, hay un todo indiferenciado de sonido, movimiento, gravitación que estructuran una percepción global.

 

Estas percepciones y respuestas van evolucionando y produciendo una historia propia del feto y una historia vincular entre la madre y su bebé. Todo este proceso va a formar parte del ISO gestáltico. Por lo tanto, este ISO está formado por: a) las energías heredadas que se encuentran en los genes que dieron lugar a ese embrión; y b) todas las energías que se han movilizado durante los nueve meses de gestación.

 

Benenzon apunta de dónde surgen estas energías de la época fetal, habiendo “tres fuentes principales: 1) todas las sonoridades y movimientos que vienen del cuerpo de la madre; ritmo del flujo sanguíneo; crujir de las paredes uterinas; ruidos intestinales, sonoridades de inspiración y expiración de la madre; sonidos articulares y musculares; la voz de la madre; 2) todas las sonoridades que vienen del exterior a través del líquido amniótico; y 3) las energías que pasan del inconsciente de la madre al inconsciente del feto” (citado en Betés de Toro, 2000).

 

3. ISO cultural

 

Es producto de la configuración cultural global de la cual el individuo y su grupo forman parte, es la identidad sonora propia de una comunidad de homogeneidad cultural relativa que responde a una cultura o subcultura musical y sonora manifiesta y compartida.

 

Esta estructura de ISO cultural opera en el preconsciente del individuo. Con el paso del tiempo, el transcurrir histórico de generaciones y generaciones, distintos aspectos del ISO cultural van insertándose y formando parte de la configuración del mosaico genético que se va heredando. En este caso, parte del ISO cultural opera en el inconsciente formando parte del ISO gestáltico del individuo.

 

En el ISO cultural están todas las energías que aparecen a partir del nacimiento del individuo y que forman parte de su medio familiar y social. Todas las sonoridades y movimientos de la sala de parto, el folklore que rodeará a ese individuo durante toda su infancia.

 

4. ISO complementario

 

Se estructura temporalmente a causa de los pequeños cambios que se producen cada día, por efecto de las circunstancias ambientales específicas o psicobiológicas del individuo. Es decir, el ISO complementario es la fluctuación momentánea del ISO gestáltico que aparece en el preconsciente motivada por circunstancias del momento.

 

Benenzon añade con respecto a este ISO complementario: “En el preconsciente he observado la aparición de un sistema energético que tiene que ver con las situaciones de comunicación en un determinado momento y con determinadas personas. A estas energías sonoras las llamé: el ISO complementario. Estas energías pertenecientes al ISO complementario se estructuran y desestructuran en forma constante, porque se configuran a partir de un hecho circunstancial. El individuo puede estar comunicándose energéticamente de acuerdo con todas sus características antes mencionadas, pero por circunstancias particulares a la relación o al proceso que se está viviendo, será teñido por este ISO complementario, llamado así porque complementa a las energías propias de ese individuo” (Betés de Toro, 2000).

 

5. ISO grupal 

 

Es la identificación sonora de un grupo humano producto de las afinidades musicales latentes, desarrolladas en cada uno de sus miembros. Opera en el preconsciente del individuo.

 

Dadas sus características, la noción de ISO grupal apunta directamente al concepto de identidad étnica.

 

El ISO grupal es la suma y adecuación temporal de los ISOS gestálticos, que componen un número determinado de individuos reunidos por circunstancias diversas, ya sea por formar parte de un grupo étnico, nación, pueblo, cultura, raza o grupos particulares, que poseen determinados objetivos.

 

De esta manera, conociendo las circunstancias y las experiencias de cada persona podremos conocer sus Identidades Sonoras (ISOS) y seremos capaces de llegar a ella más rápida y lógicamente para ayudarla en su comunicación consigo misma y con las demás personas. Podremos ir conociendo y ahondando poco a poco en cada una de sus identidades sonoras hasta llegar al momento en el que tiene el problema y atajarlo desde ahí, desde ese ISO, lugar y momento concretos.

 

Podríamos añadir mucho más en este apartado dedicado a la Musicoterapia, en general, pero creemos que como resumen y, a la vez, como introducción es suficiente, ya que que en el siguiente punto (1. 5. Musicoterapia en geriatría) y a lo largo de toda esta memoria de prácticas se irá mostrando la influencia de la música en todos estos niveles y áreas de las que hemos estado hablando con anterioridad.

 

 

 

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